Matisse

“Lo que hace falta es saber dibujar; entonces se puede dibujar cualquier cosa: lo importante es sentir si tenemos una escritura que pueda aplicarse a todo”, decía Henri Émile Benoît Matisse. Sin duda él sabía dibujar y con su destreza hacía cualquier cosa. 80 de sus obras se muestran estos días en la Sala Municipal de Exposiciones Las Francesas.

Litografías, linograbados, aguatintas y dibujos se reúnen, hasta el 10 de diciembre, bajo el título “Matisse. Arte en equilibrio” para hablar de la última etapa del artista. Un periodo que fue para él como una segunda vida, a pesar de que su estado de salud no era el mejor por entonces, y que abarca desde el preámbulo de la II Guerra Mundial hasta su muerte.

La danza

Le Retenu, 1938. Linograbado y La danza, 1938. Litografía. Prueba de estado

Encabezando la exposición, en la cabecera de la iglesia, como si del altar se tratase, se encuentra una prueba de estado de una litografía de 1983 en la que se representa “La danza”. Una litografía que refleja una de las obras más reconocidas del pintor, sino la que más. “La danza” tuvo su origen el 31 de marzo de 1909, cuando Matisse recibió el encargo de hacer dos paneles decorativos. En ambos realiza una alegoría, uno de la música y otro de la danza. Esta representación de la danza nace de la que ya se ve en el fondo del cuadro ‘La alegría de vivir’ (1906), pero la hace aquí con la novedad de la tonalidad, con colores mucho más decididos y fuertes. Además, muestra también un cambio en la tensión de los cuerpos, que liberan una energía antes imperceptible. Esta representación aparecerá varias veces a lo largo de su carrera, como es el caso de la obra que se puede ver estos días en la muestra de Las Francesas.

Matisse. El artista

Aunque en la exposición son abundantes los dibujos y obras monocromáticas que se pueden ver, la obra de Matisse se caracteriza por el uso del color de una manera atrevida, abarrotada, en contraposición a las normas academicistas, con un estilo desenfadado en el casi no hay dibujo. Es considerado uno de los grandes renovadores del lenguaje plástico del s XX. y padre del fauvismo (que viene de ‘fauves’, es decir ‘fieras salvajes’). Del cual dijo una vez: “El fauvismo fue un breve momento durante el que pensamos que era necesario exaltar todos los colores en conjunto, sin sacrificar ninguno”.

Matisse nació un 31 de diciembre de 1869. Podemos decir que su carrera artística se inició allá por 1892, año en el que empezó sus estudios pictóricos, tras dejar su carrera de abogacía. Sí, has leído bien, antes de ser artista, Matisse iba para abogado. En contra de la opinión primero de sus padres, que no querían que fuera artista, y después de la crítica, que rechazaba su moderna forma de mirar el mundo, fue labrando su camino. Llegó a ser profesor de arte y tener su propia academia. La Académie Matisse albergó a casi 150 alumnos en sus dos años de vida. No duró mucho más. La enseñanza era una tarea dura para el francés.

Su concepción del arte iba más allá de la mera representación, para él era un medio para transmitir paz y serenidad al espectador. Para Matisse lo importante es el reflejo de la gracia y la decoración. Entiende la vida como un jardín florido que se contempla con emoción.

Las obras

Desde la década de los años 40 se entrega con ímpetu al dibujo. Retrata y esboza a sus modelos, sus amigos, su familia… incluso se autorretrata con toques irónicos en numerosas ocasiones. Una gran parte de las obras que se pueden encontrar en la exposición de Las Francesas, son estas obras, que nos llevan a conocer su método de trabajo y subrayan la larga y paciente preparación que precede a las pinturas. La técnica que emplea en sus dibujos es igual a la que marca la tradición de la Academia, y es que ambos, institución y artista, sentían un auténtico amor por la antigüedad.

Una de las obras que destaca de la muestra es “La caída del Ícaro”, de 1943, publicada en ‘Verve’ en 1945. Esta obra marca una etapa en el camino artístico de Matisse. Es uno de los primeros guaches recortados que no fue empleado como estudio para otras obras, sino que tiene su propio valor.

Junto a ella, destacan también en la muestra los ‘papiers découpés’, que elabora desde 1920 de manera aleatoria. Sin embargo, es a partir de 1949, con su avanzada edad, cuando se vuelve su mayor aliado para seguir creando. A diferencia de los collages utilizados por Picasso y los cubistas en años anteriores, Matisse pinta directamente con témpera los recortes de papeles que quiere después pegar. De esta técnica nace la serie “Desnudo azul”, que realizará en 1952, y de la que se pueden ver varias piezas en la muestra.

La capilla del Rosario de las dominicas en Vence

Completan la muestra varias fotografías de la decoración de esta capilla, que se encontraba a poca distancia de la casa de Matisse. En ella dedicó la mayor parte de su tiempo desde 1948 a 1951. Hoy en día es considerada como su testamento espiritual, ya que no solo formó parte del diseño de su arquitectura y de su decoración, sino que Matisse dibuja también todos los accesorios litúrgicos, el crucifijo y los candelabros, el sagrario y varias estolas y casullas, para las que realiza veintidós proyectos, usando la técnica de las témperas recortadas e inspirándose en modelos de arte bizantino. Es en estos años cuando eleva a su obra a un plano más espiritual.

Lo que hace falta es saber dibujar; entonces se puede dibujar cualquier cosa.